23 de abril de 2014

Miguel Hernández en las Misiones Pedagógicas.


He hecho una sola misión y ha sido por tierras, mejor dicho, por piedras salmantinas. Inolvidables para mí los espectáculos de los cuatro pueblos en que estuve y sus gentes de labor... Recuerdo sobre todo una mujer con cara de terreno labrantío...

Como el viaje fue por los finales de abril, salí a cuerpo limpio para allá. El frío me cogió, y tuve que pedir auxilio a la capa del alcalde en el primer pueblo, a la del maestro en el segundo, a la de un labrador en el tercero y a la de otro en el cuarto.

Un suceso: el cura de Princones -casado por detrás de la iglesia-, una cabeza de cerdo americano, rubio y rosa, se dirigió, con el sagrario abierto y el cáliz en la espalda, al pueblo en plena misa del domingo de Ascensión y clamó y trinó contra los ateos destructores de la iglesia que habían llegado al pueblo, citando frases de la Biblia, de los evangelios y suyas de los sermones. Los campesinos lo escucharon severamente, algunos comulgaron, cantaron elTedeum, y después nos dijeron que el cura hacía negocio con la cera y las ermitas y que era un tío putero. "Aquellos dos zagales son suyos y de la... - de dijo uno señalándome dos rubiancos arrebatados, y añadió socarrón- : ¡Y quince o veinte más que andan por ahí desperdigados!" Por la noche todo el pueblo y gentes enteradas del caso de otros se agruparon alrededor nuestro en la cuadra donde proyectamos cine y dijimos romances. Por falta de espacio, la chiquillería admiró la cosa colgada de las vigas como de las butifarras.

Otro suceso: los campesinos de Ahigal de Villarino nos recibieron -éramos tres los de la misión- recelosos y cejijuntos. Preguntamos al maestro el porqué de aquella actitud y nos dijo "Creen que venías a platicar contra don... -el dueño de aquellos campos, no hago memoria del nombre-: y dicen que si es así os iréis malparados." Tan diferentes nos hallaron de lo que ellos pensaban que dormimos en la casona de don... no sé cómo y aquella misma tarde iban hombres y rapaces dando calles abajo la noticia y la hora de lafunción, que así designaban nuestra labor, con caracolas y cencerros alborotados.

El cementerio de este pueblo era como un corral para dos toros, los hoyos en piedra viva y de escasa profundidad. El maestro nos contó: "Este año pasado enterraron al tío Nicolás, el viejo más robusto del pueblo. No cupo todo el volumen de su cuerpo en el hoyo y se echó poca tierra encima. A los tantos días mientras jugaban los zagales, se les cayó al cementerio la pelota, entró uno por ella y salió con las narices apretadas escupiendo y diciendo: "¡Cómo huele el tío Nicolás, señor maestro!"."

El osario es un rincón de la plaza: allí están acumulados los huesos, y las calaveras del pueblo que va pasando. Advertí en esto la indiferencia con que tratan en aquel lugar la vida y la muerte.

Otro suceso: en el último pueblo hicimos la segunda misión en pleno campo, proyectando el cine contra el muro de la iglesia. Era cosa de ver los labradores sentados sobre arados y carretas volcadas, la cigüeña de la torre asustada, los candiles con que alumbrarnos en la vara levantada de un carro, las estrellas temblando de frío por mí, y yo envuelto en mi capa parda de un labrador.

Miguel Hernández




22 de abril de 2014

930. Ley franquista de prensa de 22 de abril de 1938.

Soldados leyendo un diario en Alcañiz - Agustí Centelles



En abril de 1938 se aprueba la Ley de Prensa, redactada por José Antonio Giménez-Arnau, Director General de Prensa en el Ministerio de la Gobernación, dirigido por Serrano Suñer. La Ley ratifica la censura previa y su objetivo es el control total  para que todos los medios informativos constituyan una sola unidad de actuación con el fin de servir de propaganda a los sublevados. Con la aplicación de la Ley todas las empresas informativas se convierten en una “institución nacional” con la misión política de propagar las ideas nacionalsindicalistas.

Finalizada la Guerra, se mantuvo la Ley hasta el año 1966, en que se reformó parcialmente.


*


LEY DE PRENSA DE 22 DE ABRIL DE 1938.

Uno de los viejos conceptos que el Nuevo Estado había de someter más urgentemente a revisión era el de la Prensa.Cuando en los campos de batalla se luchaba contra unos principios que habían llevado a la Patria a un trance de agonía, no podía perdurar un sistema que siguiese tolerando la existencia de ese "cuarto poder", del que se quería hacer una premisa indiscutible.

Correspondiendo a la Prensa funciones tan esenciales como las de transmitir al Estado las voces de la Nación y comunicar a ésta las órdenes y directrices del Estado y de su Gobierno; siendo la Prensa órgano decisivo en la formación de la cultura popular y, sobre todo en la creación de la conciencia colectiva, no podía admitirse que el periodismo continuara viviendo al margen del Estado.

Testigos quienes hoy se afanan en la empresa de devolver a España su rango de Nación unida, grande y libre, de los daños que una libertad entendida al estilo democrático había ocasionado a una masa de lectores diariamente envenenada por una Prensa sectaria y antinacional (afirmación que no desconoce aquel sector que actuó en línea rigurosa de lealtad a la Patria), comprenden la conveniencia de dar unas normasal amparo de las cuales el periódico viva en servicio permanente del interés nacional, y que levante frente al convencional y anacrónico concepto del periodismo, otro más actual y exacto, basado exclusivamente en la verdad y en la responsabilidad.

Esa noble idea, de la que ha de estar impregnada la actividad de toda la Prensa, hará imposible el fácil mercado de la noticia y de la fama que ayer pudo desviar la opinión pública con campañas promovidas por motivos inconfesables.

Tan urgente como derribar los principios que pretendían presentar a la Prensa como poder intangible —poseedora de todos los derechos y carente de todos los deberes— es el acometer la reforma de un estado de cosas que hacía vivir en la dificultad, cuando no en la penuria, todo el material humano agrupado en torno del periodismo, olvidado de antiguo por quienes preocupados en garantizar el libertinaje de los periódicos, negaron su atención a los hombres que vivían de una profesión a la que habrá de ser devuelta su dignidad y su prestigio, sólo defendido antes por un grupo de periódicos tan reducido como ejemplar.

No permite el momento tratar de llegar a una ordenación definitiva, por lo que inicialmente deberá limitarse la acción  de gobierno a dar unos primeros pasos que luego se continúen  firmes y decididos, hacia esa meta propuesta de despertar en  la Prensa la idea del servicio al Estado y de devolver a los hombres que de ella viven la dignidad material que merece  quien a tal profesión dedica sus esfuerzos, constituyéndose en  apóstol del pensamiento y de la fe de la Nación recobrada a sus destinos. 

Que estos primeros pasos que fijan la responsabilidad de  la Empresa y del director, que crean un servicio de Prensa que mantenga fácilmente unidos los periódicos más lejanos, que dan carácter de profesionalidad al periodismo, desde hoy encuadrado oficialmente en su Registro (primera etapa hacia la futura selección en centros especiales), que determinan las sanciones con que serían reprimidos los entorpecimientos a la acción de gobierno, sean sólo el adelanto de una resuelta voluntad de llenar la obra propuesta convirtiendo a la prensa en una institución nacional y haciendo del periodista un digno trabajador al servicio de España. 

Así, redimido el periodismo de la servidumbre capitalista de las clientelas reaccionarias o marxistas, es hoy cuando auténtica y solemnemente puede declararse la libertad de la Prensa. 

Libertad integrada por derechos y deberes que ya nunca podrá desembocar en aquel libertinaje democrático, por virtud  del cual puede discutirse a la Patria y al Estado, atentar contra  ellos y proclamar el derecho a la mentira, a la insidia y a la  difamación como sistema metódico de destrucción de España decidido por el rencor de poderes ocultos. En su virtud, y a propuesta del Ministro del Interior, previa deliberación del Consejo de Ministros, 


DISPONGO

Artículo 1º.- Incumbe al Estado la organización,vigilancia y control de la institución nacional de la Prensa periódica. En este sentido compete al Ministerio encargado del Servicio Nacional de Prensa la facultad ordenadora de la misma. 

Artículo 2º.- En el ejercicio de la función expresada corresponde al Estado.

1) La regulación del número y extensión de las publicaciones periódicas.
2) La intervención en la designación del personal directivo.
3) La reglamentación de la profesión de periodista. 
4) La vigilancia de la actividad de la Prensa. 
5) La censura mientras no se disponga su supresión. 
6) Cuantas facultades se deduzcan del precepto contenido en el artículo primero de esta Ley.

Artículo 3º.- Si en el ejercicio de la facultad primera de las enunciadas en el artículo anterior se produjese lesión patrimonial, sin provocación anterior por parte del lesionado, el Estado atenderá a su justa reparación en la forma en que se determine.

Artículo 4º- Las funciones antedichas se ejercerán a través de órganos centrales y provinciales. Serán órganos centrales el Ministerio correspondiente y el Servicio Nacional de Prensa. 

En cada Provincia se crea el Servicio de prensa, dependiente del Servicio Nacional del mismo nombre, y afecto al respectivo gobierno civil. 

Artículo 5º.- Corresponde a los órganos centrales el ejercicio superior y directivo de la función. En el Servicio Nacional radicará el Registro Oficial de Periodistas

Artículo 6º.- Corresponde al Jefe del Servicio de Prensa de cada provincia:

a) Ejercer la censura, mientras ésta subsiste; de acuerdo con las orientaciones que se le dicten por el Servicio Nacional de Prensa, o en su caso, por el Gobernador Civil de la provincia, cuando éstas se refieran a materia local o provincial; en materia de censura de guerra, el ejercicio de esta censura quedará sometido a la autoridad militar.

b) Llevar el duplicado del Registro Oficial de Periodistas en la forma que la presente Ley determina. 

c) Servir de enlace entre el Servicio Nacional de Prensa y los directores de los periódicos de la provincia. 

d) Servir de enlace entre el Gobierno Civil de la provincia y los directores de los periódicos de la misma. 

e) Informar al Servicio Nacional de Prensa de la marcha de los periódicos de la provincia, poniendo en su conocimiento los delitos o infracciones que pudiesen producirse. 

f) Llevar un archivo de las publicaciones diarias y periódicas.

Artículo 7º.- El nombramiento del Jefe del Servicio de Prensa de cada provincia será hecho directamente por el Ministro. 

Artículo 8º.- De todo periódico es responsable el director, que deberá necesariamente estar inscripto (sic) en el Registro Oficial de Periodistas que se llevará en el Servicio Nacional de Prensa, y ser aprobado para este cargo por el Ministro. 

Artículo 9º.- La Empresa tiene responsabilidad solidaria de la actuación, por comisión u omisión, del director. En el caso de que la Empresa no fuese propietaria de la maquinaria con la que se edite el periódico, la responsabilidad se extenderá con carácter subsidiario al particular o entidad dueña de aquélla. 

Artículo 10º.- En los artículos firmados, la responsabilidad no exime en modo alguno de la que pueda recaer sobre el director del periódico por la publicación del artículo. Los artículos, informaciones o notas no firmados, o firmados con seudónimo, deberán haberlo sido en el original con nombre y apellidos del autor y conservados durante seis meses por el periódico. 

Artículo 11º.- Dentro de los quince días siguientes a la publicación de esta Ley, las personas físicas o jurídicas, propietarias de los periódicos deberán presentar una instancia al Ministro, a través del Servicio de Prensa de su provincia respectiva solicitando la aprobación para el cargo de director del periodista de que se trate. 

En dicha instancia deberán figurar, además del nombre, edad, estado y domicilio de la persona propuesta, la declaración de la empresa propietaria del periódico del conocimiento de la responsabilidad solidaria con la actuación del director, por el hecho de su propuesta. 

En la instancia deberá figurar también el nombre del redactor que provisionalmente se encargaría de la dirección del periódico en el caso de ser el director destituido. 

En los periódicos de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, la propuesta se hará por el Delegado Nacional de Prensa y Propaganda de dicho Movimiento.

El Jefe del Servicio de Prensa de la provincia en que radique el periódico cursará al Servicio Nacional de Prensa dichas instancias, acompañadas de un informe sobre las personas propuestas, siempre que éste sea posible. 

Artículo 12º.- El fallo del Ministro, rechazando la propuesta es apelable ante el Jefe del Gobierno en el plazo de quince días. 

Contra la resolución del Jefe del Gobierno no cabe recurso alguno.

Artículo 13º.- Cuando por hechos del director el Ministro estime que su permanencia al frente del periódico es nociva para la conveniencia del Estado, podrá removerlo.

Contra esta resolución se da idéntico recurso en el plazo de quince días ante el Jefe del Gobierno, recurso que no produce efectos suspensivos. 

Inmediatamente que sea notificada la destitución, el director dejará su puesto a cargo del redactor que hubiera figurado en la propuesta y al que se refiere el párrafo tercero del artículo decimoprimero de esta Ley.

Artículo 14º.- Vacante la dirección del periódico se proveerá en idéntica forma a la preceptuada en el artículo decimoprimero.

Artículo 15º.- Se crea el Registro Oficial de Periodistas, que será llevado por el Servicio Nacional de Prensa. En cada Servicio Provincial de Prensa se conservará un duplicado de las fichas correspondientes a la respectiva marcación. 

Artículo 16º.- Nombrados los Jefes del Servicio de Prensa de cada provincia, cuidarán de organizar rápidamente la inclusión de los periodistas de la misma en el Registro Oficial. 

Figurarán en él los que en la actualidad y habitualmente se dedican a la confección literaria del periódico desde hace más de un año mediante retribución.

También tendrán derecho a ser inscritos en el Registro Oficial de Periodistas los que hallándose en la actualidad sin empleo, se dedicasen en la fecha de la iniciación del Movimiento a los trabajos periodísticos en las condiciones señaladas. 

No figurarán en el Registro Oficial de Periodistas los que sean meramente colaboradores. Para la conceptuación de periodistas de los corresponsales, se tendrá en cuenta la naturaleza y el lugar en que ejerciten la corresponsalía y la del periódico en que ésta se ejerza, no pudiendo ser inscritos como periodistas los corresponsales de ciudad no capital de provincia o los de periódicos que no radiquen en ellas.

Los que en el momento de crearse el Registro no fueran periodistas, no podrán entrar a formar parte de él en tanto sea regulada la organización académica del periodismo, sino tras la permanencia de dos años en un trabajo periodístico. 

Mientras no se regule de modo definitivo la organización académica del periodismo, el Ministro no podrá autorizar la inscripción en el Registro Oficial de Periodistas de personas en las que no concurran las circunstancias expuestas en los párrafos segundo y quinto del presente artículo. 

Artículo 17º.- Los periodistas inscritos en el Registro obtendrán su carnet oficial firmado por el jefe del Servicio Nacional de Prensa.

Los Jefes del Servicio de Prensa de cada Provincia enviarán copia de cada ficha de periodistas que figura en su Registro al Servicio Nacional de Prensa, donde existirá el Registro Oficial de Periodistas.

Artículo 18º.- Independientemente de aquellos hechos constitutivos de delitos o faltas, que se recogen en la legislación penal, el Ministerio encargado del Servicio Nacional de Prensa tendrá facultad para castigar gubernativamente todo escrito que directa  o indirectamente tienda a mermar el prestigio de la Nación o del Régimen, entorpezca la  labor del Gobierno en el Nuevo Estado o siembre ideas perniciosas entre los intelectualmente débiles.

Sin perjuicio de la sanción penal que proceda, las autoridades, las personas naturales y los representantes de personas jurídicas, públicas o privadas, agraviadas por actuaciones periodísticas ofensivas, insidiosas o simplemente contrarias a la verdad, podrán recurrir gubernativamente ante la Jefatura del Servicio Nacional de Prensa para que decida sobre la rectificación procedente y proponga en su caso al Ministro la sanción que estime oportuna.

Articulo 19º.- También serán sanciondas las faltas de desobediencia, resistencia pasiva y, en general, las de desvío a las normas dictadas por los servicios competentes en materia de Prensa.

Artículo 20º.- Las sanciones a directores y Empresas que el Ministro del Interior podrá decretar, oscilarán según la gravedad del hecho, entre las siguientes: 

a) Multa. 
b) Destitución del director. 
c) Destitución del director acompañada de la cancelación de su nombre en el Registro de Periodistas. 
d) Incautación del periódico. 

Articulo 21º.- Las medidas citadas en el artículo anterior, con excepción de la última, serán acordadas por el Ministro. Las prevenidas en los apartado b) y c) del mismo atículo, habrán de ser precedidas de la audiencia del interesado.

Contra todas ellas podrá interponerse alzada en término de quince días ante el Jefe del Gobierno, que resolverá sin ulterior recurso. 

Artículo 22º.- La incautación que solamente podrá decidirse ante falta grave contra el régimen y siempre que exista repetición de hechos anteriormente sancionados que demuestre la reincidencia en la Empresa, será decidida por el Jefe del Gobierno, en Decreto motivado e inapelable.

Artículo 23º.- Quedan derogadas cuantas disposiciones anteriores se opongan a las contenidas en esta Ley. 

Disposición transitoria.- Los periodistas pertenecientes a periódicos de poblaciones de la zona roja, solicitarán directamente del Servicio Nacional de Prensa su inscripción en el Registro Oficial de Periodistas


Madrid, 22 de abril de 1938
Francisco Franco Bahamonde



21 de abril de 2014

929. Estatuto Jurídico de la República (Abril 1931)





El Estatuto Jurídico del Gobierno Provisional de la II República fue la norma legal superior por la que se rigió el Gobierno Provisional desde su promulgación el mismo día de la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931 hasta la aprobación por las Cortes Constituyentes de la nueva Constitución de la República, el 9 de diciembre de 1931. 



El Gobierno provisional de la República, al recibir sus poderes de la voluntad nacional, cumple con un imperioso deber político al afirmar ante España que la conjunción representada por este Gobierno no responde a la mera coincidencia negativa de libertad a nuestra Patria de la vieja estructura ahogadiza del régimen monárquico, sino a la positiva convergencia de afirmar la necesidad de establecer como base de la organización del Estado un plexo de normas de justicia necesitadas y anheladas por el país. 

El Gobierno provisional por su carácter transitorio de órgano supremo mediante el cual ha de ejercer las funciones soberanas del Estado, acepta la alta y delicada misión de establecerse como un Gobierno de plenos poderes. No ha de formular una carta de derechos ciudadanos, cuya fijación de principios y reglamentación concreta corresponde a la función soberana y creadora de la Asamblea constituyente; mas como la situación de «pleno poder» no ha de entrañar ejercicio arbitrario de las actividades del Gobierno, afirma solemnemente, con anterioridad a toda resolución particular y seguro de interpretar lo que demanda la dignidad del Estado y el ciudadano, que somete su actuación a normas jurídicas, las cuales, al condicionar su actividad, habrá de servir para que España y los órganos de autoridad puedan conocer así los principios directivos en que han de inspirarse los decretos, cuanto las limitaciones que el Gobierno provisional se impone.

En virtud de las razones antedichas, el Gobierno declara:

1.- Dado el origen democrático de su poder, y en razón del responsabilísimo en que deben moverse los órganos del Estado, someterá su actuación, colegiada e individual, al discernimiento y sanción de las Cortes Constituyentes --órgano supremo y directo de la voluntad nacional--, llegada la hora de declinar ante ellas sus poderes.

2.- Para responder a los justos e insatisfechos anhelos de España, el Gobierno provisional adopta como norma depuradora de la estructura del Estado someter inmediatamente, en defensa del interés público, a juicio de responsabilidad, los actos de gestión y autoridad pendientes de examen al ser disuelto el Parlamento en 1923, así como las ulteriores, y abrir expediente de revisión en los organismos oficiales, civiles y militares, a fin de que no resulte consagrada la prevaricación ni acatada la arbitrariedad habitual en el régimen que termina.

3.- El Gobierno provisional hace pública su decisión de respetar plena conciencia individual mediante la libertad de creencias y cultos, sin que el Estado, en momento alguno, pueda pedir al ciudadano revelación de sus convicciones religiosas.

4.- El Gobierno provisional orientará su actividad, no sólo en el acatamiento de la libertad personal y cuanto ha constituido en nuestro régimen constitucional el estatuto de derechos ciudadanos, sino que aspira a ensancharlos, adoptando garantías de amparo para aquellos derechos y reconociendo como uno de los principios de la moderna dogmática jurídica el de la personalidad sindical y corporativa, base del nuevo derecho social.

5.- El Gobierno provisional declara que la propiedad privada queda garantizada por la ley; en con-secuencia, no podrá ser expropiada sino por causa de utilidad pública y previa indemnización correspondiente. Mas este Gobierno, sensible al abandono absoluto en que ha vivido la inmensa masa campesina española, al desinterés de que ha sido objeto la economía agraria del país, y a la incongruencia de derecho que la ordena con sus principios que inspiran y deben inspirar las legislaciones actuales, adopta como norma de su actuación el reconocimiento de que el derecho agrario debe responder a la función social de la tierra.

6.- El Gobierno provisional, a virtud de las razones que justifican la plenitud de su poder, incurriría en verdadero delito si abandonase la República naciente a quienes desde fuertes posiciones seculares y prevalidos de sus medios, pueden dificultar su consolidación. En consecuencia, el Gobierno provisional podrá someter temporalmente los derechos del párrafo cuarto a un régimen de fiscalización gubernativa, de cuyo uso dará asimismo cuenta circunstanciada a las Cortes Constituyentes.


Niceto Alcalá-Zamora, presidente del Gobierno provisional
Alejandro Lerroux, ministro de Estado
Fernando de los Ríos, ministro de Justicia
Manuel Azaña, ministro de la Guerra
Santiago Casares Quiroga, ministro de Marina
Miguel Maura, ministro de la Gobernación
Álvaro de Albornoz, ministro de Fomento
Francisco Largo Caballero, ministro de Trabajo.


14 de abril de 1931

Publicado en la Gaceta de Madrid el 15 de abril de 1931.




20 de abril de 2014

928. Julián Grimau en el recuerdo.





Cuando en abril llega a Madrid la primavera
el cuerpo de Julián volvió a la tierra.
Mucho antes la guerra había terminado,
la guerra que mató a un millón de españoles.
Julián creyó que podía regresar,
pisar otra vez el suelo de la patria.
Ignoraba que el odio y la infamia lo esperaban.
No fue con un beso en la mejilla
sino con un apretón de manos que el traidor lo entregó.

Antes del juicio se sabía la sentencia.
Lo acusaron de haber cometido hacia muchos años
crímenes que no existieron ni pensó cometer.
Los testigos no dieron la menor evidencia.
Solamente decían que otros aseguraban que otros habían dicho...
Para el tribunal fue suficiente.
Una vez más un inocente fue llevado a la muerte.
Julián tenía que morir por su rebeldía,
por su creencia en el bien, por su fe en la humanidad.
No fueron escuchadas las voces que pedían justicia,
las voces que en el mundo pedían libertad.
Julián murió en Abril cuando llega a Madrid la primavera.
Los fusiles sonaron en los campos de Carabanchel.
Pidió que no vendaran sus ojos.
En el recuerdo vió a su esposa y a sus hijos.
Y murió mirando la luz del alba.

Cuidado hermanos, amigos, compañeros.
El odio necesita nuevas víctimas.
Otra vez los bombarderos matan nilos descalzos.
De nuevo el fuego quema las aldeas.
Debemos responder.
El poderoso puño del amor debe golpear al odio.
Las luces de la paz deben vencer a las sombras.
En las semillas, en las raíces, en las hojas
está presente un mundo nuevo.

Julián Grimau; desde la tierra tu nombre suena
como el clarín que llama a las batallas.
Julián Grimau; desde la tierra tu nombre suena
como el viento que agita las banderas.

Fernando Lamberg






19 de abril de 2014

927. Olvido y silencio de Julián Grimau.


Gregorio Morán / La Vanguardia / 27 abril 2013

Hay un poema impresionante de César Vallejo, como todos los suyos, que se refiere a un cadáver, el del desconocido miliciano Pedro Rojas, que estaba “lleno de mundo”. A Julián Grimau le ocurrió exactamente lo contrario. Decía, digo, que César Vallejo, el Inmenso, tiene un poema en el que se refiere a un cadáver lleno de vida, que es lo mismo que estar pletórico de mundo. Pues bien, yo voy a escribir sobre un cadáver lleno de muerte, porque todo lo que rodeó los últimos meses de su vida no fue más que un cruel descenso hacia al cadalso.

Resulta difícil imaginarse a esas asociaciones dedicadas a la celebración de la memoria histórica, a los grandes acontecimientos que conforman nuestro presente y que son analizados y evaluados como si se tratara de diamantes en el mercado de Amsterdam. Ese muerto ¿es nuestro o del enemigo? ¿Nos ayuda o nos perjudica? ¿Es bajo en calorías políticas o puede provocar reacciones airadas? Los muertos más útiles en el terreno de la cultura son aquellos que produjeron mucha obra, fallecieron pobres y dejaron viudas. En el caso de los militantes asesinados, ocurre lo contrario. Las viudas sobran porque siempre tienen la tentación de levantar la alfombra y las alfombras están para que se las pise. Evite usted levantar las esquinas.

¿Quién se acuerda ya de aquel policía republicano que fusilaron una madrugada del día 20 de abril de 1963 en los descampados del cuartel de Wad Ras, nombre exótico que designa la paramera que rodea Madrid, hacia el barrio de Campamento? Se llamaba Julián Grimau y era un tipo común, sabía leer de corrido, incluso tenía una cultura, su padre ya había sido madero de oficina y él había entrado en el Cuerpo y se había hecho policía. Estábamos en plena II República. Estalló la guerra y él, que procedía de clase media, votante republicano, entre Casares Quiroga (conocía bien Galicia) y Manuel Azaña, se afilió al Partido Comunista. Entre aquella patulea de conversos radicales dispuestos a poner en la cuneta a todos los enemigos de clase, empezando por la portera, Julián Grimau era un profesional del Cuerpo de Policía republicano. Ascendió como la espuma. En Barcelona se ocupó de la Quinta Columna. No olvidemos que el gran Cambó estaba dando apoyo al enemigo y los demás habían huido, si habían tenido suerte, a San Sebastián o a Burgos. Se mató mucho.

Lo que viene luego es muy sencillo. El exilio, México, Cuba y la larga espera a que el Partido Comunista se acordase de él cuando le necesitara. Como se iban achicando los espacios de la militancia, ya no quedaba gente que enviar al interior; muerte segura o cárcel de por vida. El ínclito mitinero del exilio, felizmente olvidado, González Jerez, tenía un acento caribeño y un rostro de cemento armado, pero cuando le dijeron que fuera a España para cubrir las bajas de la represión (un trabajo para suicidas sin pretensiones), dijo que no. Julián Grimau aceptó. Era un militante. Llegó a España en 1957, en los prolegómenos del gran levantamiento contra la dictadura, la huelga general política que pronosticaban Carrillo y Claudín.

Habría que reconstruir los años de Julián Grimau en España, desde 1957, que llega a Barcelona, y luego en Madrid, a donde le ordenan que se desplace en 1959, hasta su detención el 7 de noviembre de 1962. Recuerdo perfectamente el sitio porque me lo repetía un viejo militante cada vez que pasábamos por allí. La plaza Manuel Becerra, al lado de un parque coqueto y amable que nos servía para charlas, sin llamar la atención. Grimau tenía que hacer de todo, no es como en las novelas: transcribía mensajes, los leía tras pasarlos por la plancha, iba al libro convenido de claves, se arriesgaba por las mañanas en las fábricas de Méndez Álvaro para entregar los paquetes de panfletos, y se recogía por las tardes, algunas reuniones, y como todo clandestino que se precie se metía después de comer en un cine de barrio para ver las sesiones dobles, mientras amagaba una siesta. Vida clandestina, topos urbanos.

Pero aquel día en la plaza Manuel Becerra tenía el contacto con Lara, un currante. Un veterano, nada de un confidente. Siete años de cárcel tenía en su haber. Había soportado las torturas de la época, las de verdad, nada de película, y de su boca no había salido nada. Francisco Lara, un militante de honor hasta ese día cuando le pillaron tirando panfletos y le achucharon. Una sórdida historia más común de lo que la gente estaba dispuesta a creer. ¡Se casaba su hija! Cómo no iba a estar él en la boda de su hija. Esa vergonzosa debilidad que nos concede la vida y nos la arruina. “Si me dejan asistir a la boda de mi hija, les puedo decir algo”. Me avergüenza hasta contarlo. Unos sicarios policiales dispuestos a matar a su madre, si es que sabían quién era, ante un guindo que les promete una entrega si le dejan asistir a la boda de su hija. Es obvio añadirlo, no asistió a la boda de su hija, pero un tipo delgado, de aspecto anodino, fue detenido apenas subió en la parada de Manuel Becerra, junto al jardín coqueto y con el fondo del coso de las Ventas. “Soy del Partido Comunista, soy del Partido Comunista”, gritó cuando se dio cuenta de que le habían pillado. No evitó que le forraran en el mismo autobús. Era el 7 de noviembre de 1962.

Pero lo más curioso es que la policía no tenía ni puta idea de a quién acababa de detener. Cuando lo dijo en la dirección general de Seguridad, Puerta del Sol, hoy museo, tampoco avanzaron mucho, pero cuando echaron mano de los dossiers descubrieron que se trataba de un madero, un madero del enemigo, un descubridor de quintacolumnistas en Madrid y Barcelona. Le dieron tantas hostias, le infligieron tantas humillaciones, que al final lo tiraron por una ventana a ver si se moría y se quitaban al muerto de encima. Pero resistió y se convirtió en una de las leyendas más importantes de la historia del antifranquismo. El comunista Julián Grimau se hizo como un verso de Vallejo: Un cadáver lleno de vida.

Para Santiago Carrillo y la dirección del PCE en París, fue la ocasión para ocupar el espacio que les habían retirado las demás fuerzas de oposición, dispuestas a todo tras el llamado Contubernio de Munich. Demostraba la presencia valiente hasta la temeridad del PCE, que en las huelgas mineras asturianas del 62 había estado ausente –su dirección había caído unos meses antes–. Y sobre todo consagraba que el enemigo que batir por parte del franquismo era el comunismo, que le servía de tapadera y de acicate. La de Julián Grimau fue la campaña internacional más importante de la historia del antifranquismo.

El consejo de guerra. Una parodia que alcanzó la mascarada. El juez togado, entre aquellos pistoleros uniformados desde la guerra, era un falsario. Se llamaba Manuel Fernández Martín y había hecho un par de cursos de Derecho en Sevilla y ganado la guerra; un estafador que había encontrado su oportunidad para rehabilitarse ante aquellos caballeros. Se lo cobró, vaya si se lo cobró.

Se hizo legendaria la protesta de Manolo Sacristán ante la fuente de Canaletas y el chaqué de don Ramón Menéndez Pidal para visitar al Caudillo y pedirle clemencia. Se lo tuvo que quitar cuando se enteró de que ya no valía la pena, y que a las cinco y media de la madrugada un pelotón de soldados, en las afueras de Madrid, le habían dejado como un colador. Hay quien aseguró que fueron necesarios tres tiros de gracia; sospecho que por inexperiencia.

El ministro Fraga Iribarne, que denominaba al muerto “ese caballerete”, ayudado por su cuñado, Robles Piquer, y por el tándem cerebral de Jiménez Quílez y Martín Gamero (futuro ministro), editó un libro anónimo, sin pie de imprenta, pero del que se publicaron miles de ejemplares, titulado Grimau, crimen y castigo. Sin todo esto es imposible acercarse a la mitología de la transición democrática. Medio siglo después resulta imprescindible explicar por qué Julián Grimau fue un cadáver lleno de vida. La guerra no había terminado.