Lo Último

5 de marzo de 1939. El final de la Guerra.

Militares republicanos son conducidos por falangistas a las cárceles y centros de detención 
Paseo de Recoletos, Madrid, 27 de marzo de 1939




María Torres / 5 Marzo 2015

El domingo 5 de marzo de 1939 tuvo lugar en la Posición Yuste, la última sede del Gobierno republicano, el que sería también el último Consejo de Ministros de la República en territorio español.

A pesar de los repetidos requerimientos de Negrín al jefe del Ejército del Centro, coronel Segismundo Casado, no asistió alegando problemas de salud. Incluso se envió en su busca el Douglas del presidente para transportarle hasta Elda, pero Casado ordenó que se hiciese regresar el piloto.

Y es que Casado tenía mucho que hacer ese día en Madrid. Había decido poner fín a la Guerra con el apoyo de todas las fuerzas políticas y sindicales, a excepción del Partido Comunista. 
A las siete de la tarde se reunía en el Ministerio de Hacienda con los militares convencidos de que «sería más fácil liquidar la guerra a través de un entendimiento entre militares», representantes de Izquierda RepublicanaUnión RepublicanaPartido Sindicalista, parte del Partido Socialista Obrero Español, UGT, CNT-FAI  y Julián Besteiro.

En las horas siguientes la ciudad de Madrid quedó controlada por las fuerzas casadistas.

En Yuste, entre otros asuntos, se trabajaba en el modo de lograr un alto el fuego sin represalias ni persecuciones y se había elaborado un discurso radiofónico que pronunciaría el Presidente Negrín al día siguiente 6 de marzo, en el que anunciaría una resistencia escalonada hacia los puertos de Levante, con objeto de evacuar al mayor número posible de ciudadanos.

Poco después de las doce de la noche, un funcionario informó que desde Unión Radio se estaba emitiendo un Manifiesto leído por el Coronel Casado, en el que se anunciaba la formación del Consejo Nacional de Defensa, que integrado por civiles y militares destituía al Gobierno.

Una vez finalizado el Manifiesto, Negrín telefoneó a Casado. Según este último, mantuvieron la siguiente conversación:

Negrín: «General, ¿qué está ocurriendo en Madrid?» 

Casado replica que él no era general sino coronel, porque no aceptaba el nombramiento proveniente de un Gobierno sin legitimidad y responde:

Casado: «Me he rebelado».

Negrín: «¿Contra quién?, ¿contra mí?».

Casado: «Sí, contra usted».

Negrín: «He oído el manifiesto y me parece que lo que ha hecho es una locura». 

Casado: «Me siento en paz con mi conciencia porque he cumplido mi deber como soldado y como ciudadano. Todos los representantes políticos y sindicales en el Consejo también están en paz, están convencidos de que han hecho un servicio a España».

Negrín: «Espero que reflexionará, porque todavía podemos llegar a una solución».

Casado: «No comprendo qué quiere decir, porque creo que ya está todo solucionado».

Negrín: «Al menos debería enviar un representante para que yo transfiera los poderes del gobierno o yo enviaré uno a Madrid con ese objetivo».

Casado: «No se preocupe por eso. Usted no puede transferir lo que no tiene. De hecho, hemos asumido los poderes que usted y su Gobierno han abandonado».

Negrín: «Entonces, ¿no accede a esta petición?».

Casado: «No».

El Consejo de Ministros continuó durante toda la madrugada y decidió la salida de España del Gobierno de la República. Antes de llegar al aeródromo de Monovar, Negrín acompañado de los generales Hidalgo de Cisneros y Cordón, se dirigió a la sede de la dirección del PCE, en la Posición Dákar, para transmitir un último mensaje a Casado:

«En aras de los intereses sagrados de España debemos todos deponer las armas y si queremos estrechar las manos de nuestros adversarios, estamos obligados a evitar toda sangrienta contienda entre quienes hemos sido hermanos de armas. En su virtud, el Gobierno se dirige a la Junta constituida en Madrid [el CND] y le propone designe una o más personas que puedan amistosa y patrióticamente zanjar las diferencias. Le interesa al Gobierno, porque le interesa a España, que en cualquier caso toda eventual transferencia de poderes se haga de una manera normal y constitucional. Solamente de esta manera se podrá mantener enaltecida y prestigiada la causa por que hemos luchado. Y sólo así podremos en el orden internacional conservar las ventajas que nuestras escasas relaciones aún nos preservan. Seguros de que al invocar el sentimiento de españoles de esa Junta prestará oído y atención a nuestra demanda, le saluda. Negrín»

En la mañana del 6 de marzo todos los partidos políticos y organizaciones del Frente Popular, excepto el Partido Comunista de España hicieron públicos manifiestos y declaraciones apoyando el golpe de Casado y quedaba constituido oficialmente el Consejo Nacional de Defensa bajo la presidencia del general José Miaja (Besteiro había rechazado el cargo); y Defensa: coronel Segismundo Casado; Estado: Julián Besteiro (PSOE); Hacienda: González Marín (CNT); Gobernación: Wenceslao Carrillo (PSOE); Justicia: Miguel San Andrés (Izquierda Republicana); Instrucción Pública: José del Río (Unión Republicana); Comunicaciones: Eduardo del Val (CNT); Trabajo: Antonio Pérez (UGT).

La Guerra terminó en la madrugada del 6 de marzo de 1939. No hubo paz «digna y honrosa» como prometía Segismundo Casado.

Lo que vendría después sería la inmensa tragedia de miles de republicanos derrotados, abandonados a su suerte. La tragedia de una población civil que se agolpaba en los puertos. La tragedia de una represión brutal con la que tendrían que malvivir una parte de los españoles los siguientes cuarenta años.

Pero esto a Casado ya le importaba muy poco. El 30 de marzo abandonaba España por el puerto de Gandía, dicen que con la ayuda del ejército franquista y la marina británica.




1353. Una conversación con Casado.

Nuestra llegada a la zona Centro causó sorpresa. La propaganda de la quinta columna había hecho creer a la población que el Gobierno la había abandonado y que no pensaba volver a España. En Aviación también había comenzado a surtir efecto esta propaganda, que nuestra presencia cortó en parte. Inmediatamente nos dedicamos a preparar lo mejor posible nuestras fuerzas, en previsión de la ofensiva que cabía esperar del enemigo. Recorrí todos los aeródromos y hablé con el personal, exponiendo con toda franqueza la situación. Mi preocupación principal fue preparar las unidades para los siguientes encuentros, pero no descuidé, haciéndolo con la discreción debida, tomar todas las precauciones posibles para salvar al personal si el enemigo, en su ofensiva, rompía nuestras líneas.(...)

Estas disposiciones para salvar al personal en previsión de un caos podían parecer, a primera vista, desmoralizadoras; pero en el ambiente de incertidumbre y de recelo que se estaba creando en nuestra zona con la propaganda capituladora, me parecieron necesarias y humanas. Yo sabía que cualquier aviador republicano que se hubiese distinguido algo en la guerra, por su actuación o por el mando que había ejercido, si caía en manos de los franquistas sería fusilado, después de un vergonzoso simulacro de proceso, o asesinado por las buenas, sin tomarse la molestia de camuflar el crimen (...)

El coronel Casado, jefe del Ejército del Centro, me telefoneó para decirme que necesitaba hablar conmigo y que me invitaba a comer en su puesto de mando, situado en la Alameda de Osuna, una finca de las afueras de Madrid. Como a mí me interesaba conocer lo que pensaba Casado y el ambiente que reinaba en su Cuartel General, acepté la invitación. Era natural que, desde el primer momento, el tema de nuestra conversación fuera la situación en la que se encontraba Madrid y la zona republicana. Casado estaba muy pesimista y todo su afán era inculcarme su pesimismo, tratando de demostrar que no podíamos hacer nada, militarmente, contra una ofensiva franquista. Después se puso a decirme, aunque con ciertos rodeos, que la mejor solución para nosotros era hacer una paz honrosa con Franco, en la que no hubiera vencedores ni vencidos, paz que permitiría salir de España a todo el que quisiera. Le contesté que todo lo que me decía era absurdo, pues conociendo a Franco, era disparatado creerle capaz de hacer la menor concesión. Casado, que no sé por qué razones pensaba que yo podía estar de acuerdo con él, al ver mi actitud se puso bastante nervioso, queriendo a toda costa convencerme. Me dijo, recalcando mucho las palabras: "No solamente lo que te digo es posible, sino que te puedo asegurar que a los militares de carrera se nos reconocerían los grados. Tengo garantías muy serias de que estas proposiciones serán respetadas". Al preguntarle si podía saber quién daba esas garantías, me contestó muy solemnemente que era Inglaterra la que había arreglado hasta el último detalle, y que él mismo había tenido varias entrevistas con el representante inglés, al que Franco había prometido cumplir formalmente estos compromisos, poniendo una sola condición: que prescindiésemos del Gobierno republicano y que nosotros, es decir, los militares profesionales, nos hiciésemos cargo de la situación y tratásemos directamente con él. La verdad es que sus palabras me produjeron más asombro que alarma. Pensé que todo lo que me había dicho Casado eran planes suyos más o menos fantásticos y no un complot en toda regla, a punto de estallar. Referí esta conversación a Negrín, pero mis informes no fueron todo lo alarmantes que debían haber sido, pues yo estaba convencido de que una sublevación militar capitaneada por Casado y por Miaja era algo tan disparatado que no podía tomarse en serio (...)

Estaba tan ajeno al peligro que por la espalda nos amenazaba que la misma mañana de la sublevación de Casado fui a Valencia para hablar con el general Miaja, jefe militar de la zona republicana. Encontré su Cuartel General muy agitado. Allí estaban varios jefes militares con mandos importantes. La enigmática actitud de Miaja para conmigo y el ambiente de nerviosismo y hostilidad contra el Gobierno que prevalecía entre los jefes y oficiales que lo rodeaban, me dejaron sorprendido y bastante inquieto. Me di cuenta de que allí se estaba tramando algo turbio (...)

Al llegar a Albacete, pude localizar por teléfono a Negrín. Le dije que tenía algo urgente que comunicarle y me mandó que fuera a verle a Elda, un pueblo cerca de Alicante, donde se había instalado provisionalmente. Puse a Negrín al tanto de lo que pasaba. Esta vez sí le informe alarmado y dando mucha importancia a lo que acababa de presenciar. Negrín mandó llamar a Miaja. Éste no se presentó. Repitió la misma llamada con el mismo resultado y decidió ir él mismo a verle. Yo regresé a Albacete. Cuando llegué al aeródromo, me dieron una nota de Negrín en la que me ordenaba volver urgentemente a Elda. Me imaginé que algo grave había sucedido. Efectivamente, las primeras palabras de Negrín fueron para comunicarme que Casado se había sublevado contra el Gobierno, constituyendo una Junta encabezada por [Julián] Besteiro y titulada Consejo de Defensa.


Ignacio Hidalgo de Cisneros
"Cambio de rumbo"




1352. Destino Fiel.


Recordando a Emilio Prados en el aniversario de su nacimiento.


Destino fiel.

¿Qué tengo yo que en medio de esta hoguera 
donde la muerte ataca de continuo, 
por dentro de sus llamas me manejo 
y en ellas, si ardo más, tanto más vivo?

¿En dónde está mi cuerpo, que aun reposa, 
cuando la noche ofrece a mi fatiga 
lecho de sombra y sueño iluminado, 
si por sus lentos párpados se olvida?

Me persigue la fuerza que me acaba 
y más la miro porque me acompañe. 
Si más me aprieta, más alegre pido 
que apriete más porque el dolor me salve.

A veces tanto extraño que aun persista 


de pie en el mismo suelo levantado, 
donde tanto he perdido y aun me queda, 
que mi presencia busco por mi tacto.

Hallo mi piel y en ella mi destino 
y al encontrarlo más mi temor crece: 
¿Vivo en la muerte acaso por ventura 
y es mi congoja sólo estar ausente? 

En medio de la guerra se debate 
inútilmente esta desdicha mía 
de no perder mi amor por su locura 
y no entregarlo entero a su porfía.  

Y aunque puebla mi sueño su tormenta 
y en los salones del recuerdo hallo 
preparadas las armas de la muerte, 
sus armas dejo y sólo mi voz alzo

Pero al mirar a tierra, en mis pies mismos 
siento que se desangra mi memoria, 
que tanto está quitándome la guerra 
que temo un día verme ya sin sombra.  

No estoy deshabitado ni vencido, 
aunque continuamente devastado 
por tanta angustia cruel que me combate 
los campos de mi cuerpo desdichado. 

Murieron mis amigos. Los más fuertes, 
primeramente entraron tras sus ímpetus, 
pisando por su gloria, en las tinieblas 
que los condujo a sus eternos ríos.  

Sin tocar las batallas bajo el viento, 
hermosos en su lucha misteriosa, 
los que llamaron débiles en vida, 
dan fortaleza, muertos, con su historia.  

Dentro y fuera, el dolor va conduciéndome 
con mi amargura a soledad tan torpe, 
que el sentirme vivir sólo es mi apuro: 
¿Qué tengo yo que el mundo así me escoge? 

Sobre la misma piel que la contiene 
modela el mismo cielo mi figura. 
Hora tras hora en libre movimiento 
la abandona a los sueños que la alumbran. 

Igual caudal enseñan las corrientes 
de los internos ramos de mis venas. 
Si en el agua me miro, allí mis ojos 
copian la misma luz por que navegan.  

Cruzo la guerra y con las mismas armas 
que en mi niñez, por ella voy vestido... 
¿Por qué la muerte al verme así se aleja? 
Triste sino nacer y quedar vivo.  

Vine serenamente al mundo. Ileso 
atravesé la selva de su engaño, 
ocupándome activo en la aventura 
de preparar la luz de mi trabajo.  

Un tesoro invadió mi gran cosecha: 
el mar, la tierra, el cielo, la palabra, 
el hombre hermoso bajo el sol severo... 
Ya todo, hasta la vista, me sobraba. 

Ay, la guerra que incendia los caminos 
y a la desolación y espanto enseña 
alucinada el vuelo que destruye, 
arremetió también con mi cosecha.  

Pisó su pie candente en las semillas: 
la fina adolescencia en que se alzaba 
la generosidad que la ejercía, 
se lanzó, por salvarla, entre sus llamas. 

Todo desbaratado ya gemía. 
La alegría y el orden, preparados 
en constantes esfuerzos con las horas, 
en sangrientas cenizas se cambiaron.  

Tonsuraron sus hilos las riquezas, 
la miseria se alzó con arrogancia, 
se buscaron los hombres sin hallarse: 
sólo reconocieron ya sus armas.  

Las casas destruidas, sus escombros 
húmedos por la sangre fratricida, 
como terribles flores del espanto 
en las ramas del odio se ofrecían. 

Como cuchilla el ojo se aguzaba 
clavado en la sospecha del hermano. 
El amante, inseguro de su dueño, 
de amor languideció martirizado. 

Ay, la guerra no estaba en mi tesoro. 
¿Dónde poner mi cuerpo en estos trances? 
¿Adonde me llevó con sus tormentas 
tan fatal tiempo en sus terribles aires?  

Blanco es el pan y es en la paz sabroso, 
igual que el vino es dulce en la alegría; 
pero el vino y el pan con muerte nacen, 
al dar mosto la uva, el trigo harina.  

De los terribles fuertes vendavales 
que asolan los pedazos de esta tierra 
como el vino y el pan, desde la muerte 
un hombre nace v su verdad eleva. 

Con él mi cuerpo vive y se acompaña: 
mi mismo cuerpo nace en su victoria. 
¿Qué tengo yo que en medio de esta hoguera 
ni muerto estoy, ni vivo soy aurora?  

Sólo tengo mi voz y aquí la pongo. 
Mi canto dejo, igual que sus espumas 
deja el mar por la arena que visita: 
así mi voz derramo por mi pluma.  

Así dejo mi voz, mojada en llanto, 
porque apartado de la muerte vivo. 
Quisiera desprenderme de mi cuerpo 
por ver más pronto lo que tanto ansío. 

Mas si nada merezco y con mi sombra 
he de acabar las horas que aun me quedan: 
cumpla mi voz lo que mi vida pierde, 
lo que la muerte de mi vida espera.  

Que cuando al fin la guerra esté en su término 
y se pierda en los tiempos la ceniza 
de esta terrible llama en que nos prende, 
mi voz, bajo la paz, se oirá más viva.  


Emilio Prados
Hora de España XX
Valencia, Agosto 1938




1351. Las cartas de La Pirenaica. Memoria del antifranquismo.



Armand Balsebre y Rosario Fontova, autores de Las cartas de la Pirenaica, para Búscame en el ciclo de la vida.


Radio España Independiente, La Pirenaica: La voz de las víctimas del franquismo. Ponencia presentada en el Congreso Internacional II Confibercom: Os desafíos da investigaçáo, celebrado en 2014 en la Universidad do Minho, Braga (Portugal).


Resumen

Radio España Independiente (1941-1977), La Pirenaica, fue la depositaria de la memoria popular de las víctimas del franquismo, a través de las cartas que los oyentes enviaban regularmente a la emisora, en su sede de Bucarest. La lectura de las 15.500 cartas que componen el fondo documental del Archivo Histórico del Partido Comunista de España en Madrid confirma el poder que tuvo esta emisora en la construcción del imaginario mítico-simbólico del antifranquismo. Más allá de su papel de instrumento de propaganda del Partido Comunista de España, las cartas de La Pirenaica demuestran la función de la radio como vehículo para la expresión de la solidaridad ciudadana y la resistencia ideológica y cultural. La Pirenaica fue la voz de los vencidos tras la guerra civil española, su confidente y consejera. Las cartas de La Pirenaica son la crónica del espanto que sufrió y padeció la sociedad española antifranquista.


1. Introducción.

Radio España Independiente (REI) fue una emisora de propaganda del Partido Comunista de España (PCE), nacida en Moscú en 1941, durante los primeros bombardeos de la aviación alemana sobre la capital rusa. REI fue una emisora clandestina, popularmente conocida como La Pirenaica. La leyenda fijaba la ubicación de la emisora al otro lado de los Pirineos, en la nuca de España. Pero en la mayor parte de su singladura las voces de REI salieron a las ondas desde unos estudios situados en Bucarest. En la capital rumana tuvo su sede desde 1955 a 1977, el año de su disolución, tras la constitución en Madrid del primer parlamento de la democracia, año y medio después de la muerte del dictador Francisco Franco.

Desde Bucarest emitía también Radio Portugal Libre, la emisora del Partido Comunista Portugués. Nació dos décadas después de La Pirenaica, en 1962, tras el inicio de la guerra colonial en Angola y las primeras movilizaciones sindicales por la jornada de ocho horas. Los portugueses, sin embargo, como en el caso de La Pirenaica, sentían su voz muy cercana, a pesar de las interferencias, y creían que Radio Portugal Libre emitía desde la “Serra da Estrela”. El lema de La Pirenaica era: “Radio España Independiente, única emisora española sin censura de Franco”. Radio Portugal Libre abría sus emisiones con el lema: “Habla Radio Portugal Libre, emisora Portuguesa al servicio del Pueblo, de la Democracia y la Independencia Nacional”.

Estas dos emisoras clandestinas, que lucharon contra la Dictadura de Salazar en Portugal o la Dictadura de Franco en España, estuvieron rodeadas de muchos mitos y leyendas. Uno de estos mitos determinaba que las cartas de los oyentes que leían por antena los locutores de La Pirenaica eran cartas inventadas por la propia redacción de la emisora. Las exageraciones de la propaganda comunista en algunas de sus emisiones, cuando se hablaba sobre todo de que el final de la dictadura era inminente, contaminaban muchas otras cuestiones, como la relativa a la verdadera identidad de los autores de estas cartas. Este mito, el de las cartas inventadas, sirvió también para que en muchas ocasiones se restara importancia al impacto comunicativo y político que realmente tuvo La Pirenaica en la sociedad española.

El estudio realizado con las 15.500 cartas que se encuentran depositadas en Madrid, en el Fondo Correo de la Pirenaica (FCP) del Archivo Histórico el PCE (AHPCE), nos permite hoy concluir que la leyenda sobre las cartas inventadas no era cierta. Las cartas, en su mayoría manuscritas, fueron realmente redactadas por miles y miles de oyentes que desde distintos puntos de España, la España del interior pero también la España de la emigración y el exilio, encontraron en La Pirenaica el único medio para hacer oír su lamento contra la dictadura. Y una segunda conclusión: estas 15.500 cartas, la mayoría fechadas en la década de los años 60, son sólo una pequeña parte de las miles y miles que fueron enviadas y que nunca llegaron a Bucarest. La vigilancia policial, con la complicidad del Servicio de Correos, evitó que muchas cartas llegaran a su destino. La tercera conclusión es evidente: La Pirenaica, aunque clandestina, cuya audición estaba castigada con multa y cárcel, fue en la década de los años 60 del siglo XX un auténtico medio de comunicación de masas, equiparable a la importancia que entonces pudieran tener Radio Nacional de España o la Cadena SER. Frente a las mentiras de Radio Nacional los oyentes de La Pirenaica bautizaron a su emisora como “Radio Verdad”. La Pirenaica consiguió extender su mensaje antifranquista entre una gran parte de la población española, comunista y no-comunista, víctimas del franquismo, miembros en su mayoría de la media España republicana que fue derrotada en la guerra civil y que sufrió la dura represión de la posguerra.

La presente investigación, a partir del análisis de contenido de las 15.500 cartas, elabora un perfil de la audiencia que escuchaba diariamente la emisora y establece una clasificación de los problemas que padecía la sociedad española antifranquista, que certifican el impacto popular que esta poderosa arma de propaganda del Partido Comunista de España alcanzó entre la población española.

Consideramos que nuestro trabajo presenta aportaciones novedosas a la historiografía de los medios de comunicación y a la historiografía del franquismo, confirmando la tesis de que “Historia” y “Memoria Histórica” se retroalimentan positivamente. La radio, por su condición de principal medio popular, constituye una fuente histórica extraordinaria; especialmente, por la manera tan particular con que este medio ha sabido siempre recoger una determinada representación simbólica de un sector mayoritario de la sociedad. El ritual de la interacción comunicativa que diariamente tiene lugar a través de la radio está representado en las cartas de La Pirenaica. 


2. Las voces de La Pirenaica.

La redacción de La Pirenaica estuvo constituida en un principio por periodistas y comisarios políticos del PCE que en el período de la guerra civil española (1936-1939) desarrollaron una importante labor en misiones de propaganda. Tras la guerra se exiliaron a Moscú y allí fueron reclutados para formar parte de la plantilla de REI o de las emisiones en español de Radio Moscú. En una segunda etapa, especialmente a partir de los años 60, la redacción de La Pirenaica se nutrió de militantes comunistas que tuvieron que huir de España para evitar nuevas detenciones y cárcel. Esta segunda generación de profesionales, más jóvenes, no habían luchado en la guerra civil y se habían formado ideológicamente en el contexto de la desestalinización iniciada por Nikita Khrushchev en 1956.

Hemos seleccionado entre las distintas voces de La Pirenaica a dos nombres representativos, ambos femeninos, que adquirieron la dimensión sentimental y política de mitos populares del antifranquismo. Pilar Aragón fue la voz de las cartas escritas a la Pirenaica. Dolores Ibárruri, Pasionaria, fundadora de la emisora, líder del Partido Comunista de España, el indiscutible referente de los oyentes de la emisora.

2.1. Pilar Aragón.

Josefina López Sanmartín (1919-1989) eligió el seudónimo de Pilar Aragón durante su trayectoria como periodista y locutora en Radio España Independiente. Era muy joven cuando se afilió a las juventudes comunistas y cuando tuvo que salir hacia el exilio en 1939 con otros cuadros del partido para refugiarse en la Unión Soviética. En Moscú se licenció en Eslavística y en 1943 fue elegida como locutora de La Pirenaica, donde trabajó en sus sedes de Moscú y Bucarest hasta su regreso definitivo a España en 1969. A principios de los años 80 se produjo su ruptura con el Partido Comunista para ingresar en las filas del PSOE llegando a ser senadora socialista por Castellón en 1987.

De voz grave pero cálida, perfecta dicción y enérgico tono, Pilar Aragón fue la lectora de las cartas que llegaban a Bucarest para ser leídas en la emisión “Correo de la Pirenaica” además de ser la responsable de los programas “Página de la mujer” y “Charlas femeninas”. Se convirtió para los oyentes españoles en una especie de Elena Francis antifranquista[1] y una amiga lejana a quien contar las penas cotidianas. El oyente Juan de la Torre Zambra nos resume en una carta el efecto que tenía la voz de Pilar Aragón: “Vd. no puede imaginar ni remotamente la impresión esperanzada que producen sus charlas a las mujeres de este pueblo. Escuchan sus emisiones con embeleso y deleite, pues creo que es el solo momento en el día que olvidan sus penas”[2].

En 1961, Pilar Aragón se encargó del espacio “Página de la mujer” en el que realizó una extraordinaria labor educativa. En la España de Franco, donde la iglesia católica ejercía sobre las mujeres un abusivo y reaccionario control de las costumbres y las ideas, Pilar Aragón hablaba de métodos anticonceptivos, del derecho a tener los hijos que se pudieran criar o de la necesidad de educarse para no depender del varón. En “Página de la mujer” las heroínas, los ejemplos a seguir, eran la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova o la líder sindical de las zonas mineras asturianas Tina Pérez. La locutora aprovechaba cualquier reivindicación, como el alza de los precios de la cesta de la compra, para estimular la preparación política de las oyentes, en su mayoría amas de casa o trabajadoras sin posibilidades de acceder a una educación superior. Así, abundan entre las cartas que leía la popular periodista las declaraciones antiamericanas y sus contrarias, es decir, las favorables a Khrushchev, como eco muy básico y a menudo sentimental de los argumentos políticos que empleaba en sus editoriales.

Pilar Aragón adquirió una extraordinaria popularidad en la España que escuchaba la emisora clandestina como garantía de información veraz sobre los acontecimientos nacionales e internacionales. La “voz de la Pirenaica” debió de ser un bálsamo para los oyentes de la radio, los humillados y ofendidos del franquismo, además de un reclamo para la afiliación a las filas del PCE. La trayectoria vital de Pilar Aragón se encuadra, por otra parte, en las sucesivas rupturas acaecidas en el seno del PCE y las tensiones provocadas por los representantes de “la vieja guardia” y los renovadores tras sucesos como la desestalinización, la invasión de Checoeslovaquia o el relevo generacional en el comité central de la organización.

2.2. Dolores Ibárruri

La mujer política más importante en la España del siglo XX fue también la fundadora y la impulsora de Radio España Independiente. Y fundamentalmente, se convirtió en el principal mito del antifranquismo, venerada y reverenciada por los oyentes, tanto de la generación que hizo la guerra como por los que crecieron ya durante la dictadura oyendo hablar de ella como una leyenda.

Dolores Ibárruri, Pasionaria, mujer de un minero del País Vasco y madre de varios hijos, que ascendió de forma vertiginosa al cargo de secretario general del PCE, era la voz de la propaganda republicana que en 1936 defendió Madrid al grito de “¡No pasarán!”. En julio de 1941 su voz sonó de nuevo para denunciar en los altavoces de REI la complicidad del franquismo con el nazismo. Con seguridad, aquel mensaje llegó a muy pocos oyentes de la aislada España de la posguerra, donde poseer un aparato de radio estaba solo al alcance de un puñado de privilegiados.

Ibárruri mantuvo siempre una relación muy estrecha con la emisora que fundó al amparo de la Komintern, la organización que propagaba la ideología comunista soviética. A pesar de la distancia geográfica, pues casi siempre vivió en Moscú, lejos de la sede de la emisora en Bucarest, la dirigente escribía numerosos artículos editoriales para fijar la posición política del PCE bajo los seudónimos masculinos de Antonio de Guevara o Juan de Guernica. Aunque Pasionaria fue forzada a dimitir como secretaria general del PCE un mes después del fracaso de la convocatoria de la Huelga General Política (HGP) de 1959, la audiencia nunca conoció los pormenores de la lenta caída de la dirigente, sustituida por Santiago Carrillo. Bien al contrario, su nueva posición como presidenta del partido fue reforzando su papel simbólico y propagandístico. Radio Pirenaica daba lectura a sus artículos editoriales, ejemplos de alegatos periodísticos de extraordinaria eficacia, bien redactados y engrasados con una ágil mezcla de sentimentalismo y consigna militante. Durante dos años, entre 1962 y 1963, en las emisiones nocturnas de los domingos, en horario “prime time”, se dio lectura por capítulos a su autobiografía, El único camino, sin duda el libro más célebre para los oyentes, que pedían recibirlo por correo. La aventura vital de la recia mujer vasca dejaba clavados ante la radio a los oyentes que la escuchaban a miles de kilómetros, acrecentando su aureola de mujer del pueblo, de madre del pueblo. Todos veneraban, según decían en sus cartas, a aquella mujer “que habla igual que mi madre”, que es “luz y faro del navegante, tabla de fe y esperanza del náufrago solitario, consuelo de los afligidos”, que fue “bandera de los caminos, Pasionaria de las manos de los pobres campesinos, alma de la reconquista, fuego tendido en el viento del Partido Comunista”[3].

Si bien es indiscutible que REI se mantuvo de forma prioritaria al servicio de las consignas de actuación política decididas por el comité central del PCE, hubo otras muchas tareas “menores” que atender. Y una de ellas era el seguimiento de casos concretos que llegaban a Bucarest y que implicaban la responsabilidad del partido de una u otra forma. De estas tareas, delicadas en algunos casos, se encargaba directamente Pasionaria. Pondremos un ejemplo. En agosto de 1962 llegó a Bucarest, a través del diario comunista L’Humanité, la carta de Francisco Bustos, cura párroco de Villarta de los Montes (Badajoz) cuando le entregaron a un niño recién nacido, hijo de una pareja de “maquis” o “guerrilleros” que actuaban en la clandestinidad. El cura se hizo cargo del niño, Víctor del Val, pero cuando fue creciendo y arreciaron las humillaciones ante su origen equívoco, no dudó en ponerse en contacto con el PCE, al cual pertenecían los padres, para que se encargara de darle una adecuada educación. Pasionaria se interesó por el caso y envió a un emisario a entrevistarse con el sacerdote. El emisario fue el escritor Antonio Ferres que, más de 50 años después, recordaba que “fuimos a ese pueblo de Toledo por orden de Dolores. Pasionaria estaba muy interesada en el tema…”[4]. Ferres no volvió a saber nada más del caso ya que en 1964 tomó el camino del exilio dedicándose a la enseñanza de la literatura española en diversas universidades norteamericanas.

En 1963, con motivo del juicio y ejecución del miembro del comité central del PCE Julián Grimau, Pasionaria, que se dedicaba como presidenta del partido a viajar por el mundo y asistir a conferencias internacionales, recuperó un protagonismo mediático que Santiago Carrillo, secretario general del PCE, seco, mal orador y poco simpático para la audiencia, no podía tener. La campaña para la salvación de Grimau, detenido en Madrid y torturado salvajemente en la sede de la Dirección General de Seguridad, fue una prioridad para REI, que se volcó en su programación con el objetivo de crear un estado de opinión favorable al reo y evitar su ejecución. El altavoz de REI divulgó una de las piezas maestras de la oratoria de la dirigente vasca, cuya grabación se conserva. En ella, Pasionaria afirmaba: “La iniquidad se ha consumado (…) El Caudillo, cuyo régimen se tambalea, ha querido desafiar al mundo desoyendo las voces llenas de humanismo que haciéndole un gran honor se han dirigido a él de todos los países para impedir lo inevitable”. Y concluía con un grito dramático:  “¡Vivan nuestros muertos!”[5], que homenajeaba en cierto sentido a la dramática sangría de militantes del PCE muertos por las fuerzas del orden o ejecutados en los años más duros de la dictadura.


3. Los oyentes de La Pirenaica.

El cuadro estadístico del siguiente gráfico, realizado a partir del registro de las 15.429 cartas que se conservan en el Archivo Histórico del PCE (AHPCE), permite establecer una correlación directa entre las grandes oleadas de envíos de correspondencia y los importantes acontecimientos que vivió la sociedad española en la década de los 60. Las primeras huelgas de Asturias  de 1962 (1.184 cartas) y el proceso y ejecución de Julián Grimau en 1963 (4.378 cartas) marcan el “techo” del volumen de cartas, que iría disminuyendo paulatinamente hasta alcanzar cifras muy pequeñas a partir de 1970, cuando REI comenzó a perder audiencia.

Aunque es imposible certificar el número de oyentes que tuvo REI, a través de las cartas conservadas sí pueden definirse los distintos perfiles de quienes la escuchaban. Según los asuntos tratados la audiencia puede organizarse en cinco grandes categorías:

-los partidarios de la unidad de todos los antifranquistas
-las víctimas de la guerra civil y la represión de la posguerra
-las víctimas de la miseria y el hambre
-los militantes de la resistencia
-los que desenmascaran a confidentes y chivatos

En estas cinco grandes categorías se agrupa un amplio repertorio de tipologías particulares, que conforman “la galaxia pirenaica”, con los siguientes perfiles:

-trabajadores, obreros y campesinos
-ex combatientes republicanos de la guerra civil
-guerrilleros comunistas
-amas de casa que narran las dificultades de la subsistencia cotidiana
-esposas y madres de presos y detenidos
-oyentes no comunistas que escuchan REI
-oyentes católicos y sacerdotes
-exiliados
-oyentes que envían su producción literaria, memorias y poemas
-niños

Un número importante de cartas están escritas por oyentes que La Pirenaica identificó con el estatuto de “corresponsales”. Estos corresponsales eran inicialmente, en la década de los años 50, miembros del partido, responsables políticos o periodistas y escritores de profesión, repartidos por toda la geografía española. La calificación de corresponsal fue ampliándose con los años y numerosos oyentes pasaron a autodenominarse como tales en la década de los años 60. Para ser corresponsal, para convertirse en “los ojos y oídos de la Pirenaica”, se requería “ser persona seria para informar de hechos rigurosamente exactos” y “ser formal para enviar regularmente cartas”[6]. Los corresponsales informaban de conflictos laborales, de represalias y abusos de los caciques o del estado de ánimo de la clase trabajadora que afrontaba el alza de precios o el recorte de salarios con indignación. Se trataba de informaciones de las que no se ocupaba la prensa oficial, pero que constituían la razón de ser de REI.

Destacan asiduos corresponsales como Don Curioso, un aviador durante la guerra civil, exiliado en Francia, que era un activo colaborador de la emisión “España fuera de España”, además de organizador de “puentes”, como se denominaba a quienes recibían cartas y mensajes para sortear la censura franquista y hacerlos llegar a su destino, en Bucarest o París. Otro corresponsal, que utilizaba el seudónimo de “La Golondrina”, con un pequeño dibujo de la hoz y el martillo, de 50 años y de Valladolid, plasmaba en unas líneas una  biografía muy común del oyente clásico de REI: “Cuando tenía 11 años dejé de ir al colegio. No aprendí nada más que el abecedario y un libro que se llamaba Catón. Hasta que tuve 21 años estuve trabajando en el campo. Ahora trabajo en una fábrica. Llevo 20 años y cada vez nos tratan peor. Los jefes dicen que al obrero hay que tratarlo como al limón: sacarle el zumo y luego tirarlo….”[7].

El corresponsal Joan Sardá Doménech, utilizaba los seudónimos de Ramón Doménech, José López y Ramón Seguí, para firmar sus informaciones sobre la ciudad de Barcelona. Sardá trabajaba como apoderado en la Banca Rosés de la capital catalana cuando permaneció en su mesa de trabajo sentado, negándose a asomarse al balcón de la entidad para saludar la comitiva de Franco, de visita en Barcelona. Sardá pagó su acción con la pérdida de su puesto de trabajo, pero no se arredró y siguió enviando numerosos informes y cartas en los que, por ejemplo, aleccionaba sobre una correcta redacción de un panfleto o defendía las virtudes del ciclostil para imprimirlos[8].

La corresponsalía de REI no estaba exenta de riesgos. Al asiduo colaborador “El Veleño”, de Vélez Málaga (Málaga), le detuvieron cuando pedía donativos con destino a los presos políticos en un bar. Conducido esposado al cuartel de la Guardia Civil de su pueblo, le acusaron de haber escuchado la Pirenaica “que es el delito más grande que existe hoy”, escribía con ironía[9].

En cuanto al segundo tipo de oyente, la clasificación es muy amplia y abarca a personas que escribían motivadas por un hecho en concreto -como por ejemplo, la ejecución de Julián Grimau-, a veces con detalles banales de su vida cotidiana y que generalmente contenían palabras de elogio para la emisora. Así, de “Maribel”, desde Cataluña, se conservan cartas ininterrumpidamente desde 1968 a 1977. En ninguna aporta información relevante, pero un redactor de REI escribía respetuosamente en el margen de una de las misivas: “Maribel. Mujer de edad, muy asidua oyente y comunicante, pese a lo desordenado de sus cartas. Está enferma. De usted”[10]. Numerosos oyentes cogían la pluma para escribir sus impresiones inmediatamente después de escuchar la radio; por ejemplo, para contestar a las habituales encuestas de REI sobre el alza de los precios al consumo, la continuidad de las bases americanas o lo que costaba casarse.

REI era una radio de partido, pero desde la definición de una política de Reconciliación Nacional en 1958, el PCE propugnó la unidad de todos los antifranquistas, incluso de aquellos que eran hostiles al comunismo. La programación evitó, por otro lado, aquellas manifestaciones que en las cartas a la Pirenaica defendían intereses o políticas opuestas a la Reconciliación Nacional con el objetivo puesto en ganar nuevos apoyos entre la emergente clase media, los profesionales, e incluso los miembros más abiertos de entre la Iglesia y el Ejército.


4. Las cartas de La Pirenaica. Temas y mitos.

Es indudable que las cartas a la Pirenaica contienen un único hilo argumental: la queja y la denuncia. El oyente que escribía confesaba su impotencia ante la situación política, laboral, social y económica. Así, del análisis del fondo de REI se conforma un mosaico de agravios, antiguos y nuevos, los que, según revelan las cartas, infligió el franquismo a los “humillados y ofendidos” que perdieron la guerra y a la generación de sus hijos. En la clasificación de las “quejas” de los oyentes encontramos los siguientes temas principales:

-El recuerdo de los desastres de la guerra.

Asesinatos, violaciones, humillaciones y venganzas que se produjeron en zona rebelde y en la inmediata posguerra. El relato de las cartas permite dibujar un primer mapa de las fosas comunes (enterramientos en cunetas, montes, barrancos o junto a cementerios, en el mismo lugar de los fusilamientos), que se confirmaría en años recientes tras las excavaciones arqueológicas y exámenes forenses realizados por las Asociaciones de la Memoria Histórica.

-El hambre y las penurias económicas.

Numerosos testimonios aportan detalles sobre la hambruna de la posguerra, sobre todo en las zonas rurales de Andalucía y Extremadura. En la década de los años 60, la carestía de los productos básicos y la falta de viviendas constituyen las denuncias habituales. Tales denuncias se enmarcan en el despegue económico favorecido por los Planes de Desarrollo franquistas y en la creación de una nueva clase media asalariada y con capacidad para el consumo. Un segmento mayoritario de la población quedó en los años 60 al margen del progreso económico.

-La sed de cultura y educación.

El derecho a la enseñanza, con el sueño implícito de un futuro mejor para los hijos, es una de las reivindicaciones de los oyentes. Son abundantes las denuncias contra la pésima educación pública y contra la ideología de la educación religiosa, privada. Los oyentes informaban también de sus gustos culturales. El film “Espartaco” (Stanley Kubrick, 1960) era el favorito de los oyentes, mientras que los cantautores Chicho Sánchez Ferlosio y Raimon encabezaban las solicitudes de peticiones musicales.

-La peripecia de la emigración.

Entre 1960 y 1973 más de siete millones de españoles abandonaron sus pueblos de origen. De ellos, unos dos millones partieron hacia Europa: 600.000, en su mayoría andaluces y gallegos, se instalaron en la República Federal Alemana. Por otro lado, casi cinco millones de personas abandonaron las zonas rurales entre 1960 y 1975 para alimentar los sectores de la construcción y la industria en Madrid, Catalunya, Levante y País Vasco. Una parte importante del archivo de correspondencia está integrado por relatos de emigrantes donde denuncian la explotación laboral y las ínfimas condiciones de vida.

-Franco “y su camarilla”.

La correspondencia contiene abundantes ejemplos de sentido del humor sarcástico y burlón. Mediante poemas, dibujos y chistes, los oyentes se vengaban del régimen ridiculizando a su cúpula. Franco era objeto de constantes insultos; en la mayoría se le comparaba con animales.

-El gran mito de REI: Julián Grimau.

El despegue de REI como medio de comunicación de masas se produjo a raiz del “caso Grimau”. Julián Grimau fue detenido, torturado, sometido a Consejo de Guerra y fusilado en Madrid el 20 de abril de 1963. Durante las semanas previas al juicio, REI informó puntualmente sobre el caso, ganando miles de oyentes que querían informarse sin la censura de Franco. REI presentó a Grimau como un héroe, un hombre sencillo que se sacrificaba por España, mientras que Radio Nacional y los medios del régimen le retrataban como un asesino durante la guerra civil. La programación estimuló el sentimiento antifranquista y ganó para la causa del PCE a numerosos oyentes que pedían la afiliación.

-El sentimiento antiamericano.

“Yankees go home” es el eslogan que resume el odio visceral a Norteamérica. REI espoleó el sentimiento antiyanqui de acuerdo con su servidumbre a la política exterior de la Unión Soviética. Los sucesivos tratados hispanoamericanos, que establecían y garantizaban la permanencia de las bases estadounidenses en España, fueron uno de los principales caballos de batalla de la propaganda de La Pirenaica. El suceso de la bomba de Palomares, en enero de 1966, minimizado con la colaboración del Ministerio de Información y Turismo, cuyo titular era Manuel Fraga Iribarne, fue utilizado en las ondas para extender la animadversión contra los americanos. Numerosas cartas mostraban el temor a una catástrofe nuclear y consideraban a Khrushchev el artífice de haber logrado la paz mundial. Asimismo, desde las ciudades con base americana llegaban puntualmente informaciones sobre el comportamiento de los soldados, siempre negativas.


5. Conclusiones.

El estudio que presentamos confirma en primer lugar la importancia del fondo documental “Correo de la Pirenaica” que se conserva en el Archivo Histórico del PCE de Madrid. Es la primera vez que este fondo documental es analizado en su totalidad. Nada menos que 15.500 cartas lograron sortear la censura de Franco y las dificultades de comunicación con la sede de La Pirenaica, Bucarest, en la órbita del casi impenetrable telón de acero. Hubo sin duda muchas más que se perdieron en el camino o que nunca llegaron a enviarse ante el temor a ser detectadas por la policía franquista.

El fondo documental revela además la excelente organización de la emisora del PCE, Radio España Independiente, cuya redacción conservó, archivó y anotó las misivas de sus oyentes y recaudó sus generosos donativos al céntimo. El volumen de correspondencia que llegó a Bucarest forzó a REI a abrir nuevos canales de participación: el programa “Correo de la Pirenaica” leía fragmentos de las cartas, pero en el AHPCE se conservan completas, tal y como llegaron, con centenares de historias de interés. No todas se leyeron, o se leyeron fragmentariamente en antena. Nuestro estudio se ha basado en las cartas completas, tal y como fueron escritas, sin cortes ni resúmenes.

En segundo lugar, las cartas demuestran la enorme influencia que Radio España Independiente tuvo en la audiencia que mayoritariamente formaba parte de la España derrotada en 1939. Un español de los años sesenta no podía considerarse informado atendiendo tan solo a los medios oficiales: para los oyentes la información contrastada o real estaba en La Pirenaica, “Radio Verdad”, mientras que Radio Nacional de España era “Radio Mentiras”. A pesar de sus condiciones de clandestinidad, REI fue un formidable medio de comunicación de masas, muy temido por el aparato propagandístico de Franco, que mediante sofisticadas instalaciones creaba interferencias en las ondas radiofónicas para impedir la escucha.

En tercer lugar, la lectura minuciosa de las cartas desmiente por completo la leyenda de que las cartas eran escritas por redactores de la propia emisora, que se las inventaban. En efecto, hay cartas escritas por militantes-corresponsales, pero constituyen claramente una minoría en cuanto al volumen de mensajes auténticos, escritos de forma espontánea, a menudo con dificultades ortográficas y con gran carga emocional. La prueba de que no todo era inventado son, además, los dibujos, postales y fotografías familiares que llegaron a la redacción de REI.

Finalmente, podemos afirmar que de la lectura de los testimonios escritos se desprende la intencionalidad del régimen de suprimir, represaliar o castigar a cualquier vestigio de la España republicana. El fondo de cartas de REI constituye un silenciado fresco de la opresión que sufrieron las víctimas de la dictadura, en un entorno de aislamiento y autocensura propiciada por el miedo. REI fue su único contacto con “otra” realidad, poblada, en efecto, de falsos mitos, mentiras y exageraciones. Pero REI dio a sus oyentes algo fundamental: la esperanza de que otro mundo mejor era posible.


Armand Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Rosario Fontova, periodista


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[1] El consultorio sentimental de Elena Francis representó en la radio española durante el franquismo el prototipo de programa femenino
[2] AHPCE, FCP, carpeta 175/7, carta 3.
[3] Versos del poeta Rafael Alberti dedicados a Pasionaria en Coplas de Juan Panadero.
[4] Entrevista personal de los autores con Antonio Ferres los días 14-15 de abril de 2013.
[5] AHPCE, Archivo sonoro, DVD 16, corte 7.
[6] AHPCE, Guiones REI, emisión del 10 de abril de 1963.
[7] AHPCE, FCP, carpeta 176/2, carta 16.
[8] AHPCE, FCP, carpeta 174/9, carta 75.
[9] AHPCE, FCP, carpeta 174/1, carta 62.
[10] AHPCE, FCP, carpeta 191a/17, carta 101.